El aislamiento de nuestra sociedad hacia el músico y su labor.

Entre discusiones sobre economía y política sucede la vida de miles en nuestro país y región privilegiada del mundo, quienes han surgido de la historia u tradición de un pueblo pujante son víctimas de valores lejanos e ilusiones económicas. Los mercados son ahora un tema para súper burgueses que no temen pronunciar su imagen como individuos de lo grandioso, muy contrastado con la realidad y labor diaria de quienes intentan servir la cultura con su trabajo musical o devoción hacia la música. 

El músico es silenciado ante una industria burda y sencilla que se levanta como una organismo de la económica salvadora para muchos. Si tienes un titulo, una profesión, un negocio o tierra… todo el pragmatismo de lo efectivo y válido se ha escondido e intercambiado por labores y empresas que consumen nuestra sociedad como si está fuera desechable y únicamente existamos para vivir trabajando por una subsistencia mínima, dependiente de estas instituciones económicas lejanas a la riqueza y variedad cultural de nuestra región. Y a su potencial que podría redimirnos como seres que entienden y luchan por la soberanía de su hogar.

Así, de esta manera los ensayos de los músicos, practicas de instrumentistas, ensayos de DJ, escuelas de música o baile, son sinónimos de actos escandalosos e insistentes , donde los vecinos terminan llamando la policía, y haciendo todo lo posible por detener esa ¨bulla¨ pero los talleres, industrias que explotan nuestros recursos, ruidosas autopistas, ingenios del monocultivo son bien vistos y tolerados, como si negáramos la creatividad brotar naturalmente de esta nuestra misma expresión. Preferimos economistas que nos dicten políticas casi esclavistas a líderes que señalen la atroz realidad que se vive en la cultura creativa. 

Pero cada día sale un sol sobre todos, ciegos, sordos, grandes y pequeños, un canto natural se eleva hacia el nuevo día, aves y animales saludan el nuevo día con cantos, bailes aéreos y acciones creativas de sus procesos evolutivos, solo el hombre es quien esconde su voz bajo un pendular vaivén de pretextos y comparaciones. Solo el hombre niega lo innato para dar paso a su elevado “profesionalismo” que en nada cambia y a pocos beneficia. Es tiempo de una nueva creación social, pero esta vez son los mismos astros los que permutarán en su retórica mística y sideral. Lo natural y cambiante ante lo rígido y económico. Lo indecible contra lo escrito en leyes y papeles perecederos. Lo abismal y eterno ante lo efímero e iluso. Es tiempo de una nueva generación y acción fraternal que valore los procesos de quienes hacen música y la perpetuan en un entorno impuesto de roles falsos.  

Nathanael Marín Jiménez

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