¡ Vida, superior al adjetivo !

Nace un niño, urgentemente sus padres deben de registrar un nombre en una serie de papeles en el hospital donde nazca este bebé, Debemos de ser reconocidos entre los datos y ser nombrados ante cualquier otra opción aparente, tus huellas únicas y nuevo título o nombre. Estos datos serán documentados en una clara serie de contratos y construcciones sociales (saturninas) que hacen a un lado el maravilloso milagro de la vida, y su contemplación natural, un proceso industrializado.

Nacemos y somos inmediatamente contratados, nadie nos preguntó y nos explicó ese idioma de manchas y líneas que han generado un sistema de aparente orden en nuestras sociedades. Pero la vida es un sistema completo desde sus origines, nos es prudente pensar si estamos añadiendo algo a un contrato ya perfecto, implícito al nacer.

Nuestro primer “acto” social, será inscribirnos en una especie de compromiso o alineamiento con algo o un proceso anterior a nuestra voluntad, este proceso nos esperaba impacientemente para incluirnos en sus hábitos carentes de espiritualidad. La vida y el ser son desprovistos de su esencia de crecimiento, sus padres deben de dar un nombre a las “autoridades.” No pueden tomar una semana o dos semanas para pensar y analizar a su hijo o hija, No , de forma casi inmediata desde el momento del nacimiento, se deberá de registrar, las características de su bebé, si es él o ella y su nombre de acuerdo con su legado familiar.

Las palabras, los adjetivos, los títulos que insistentemente nos obligan a colocar sobre los actos libres de la vida, condicionan nuestra imaginación, nuestra naturalidad y comunicación Mercuriana. Estamos en una sociedad de compromisos adquiridos y responsabilidades delegadas por los anteriores. quienes han decidido nuestro destino, nuestra rutina y procesos de aprendizaje.

Nadie nos habla de cómo olvidar para aprender nuevamente, los títulos tales como; pedagogía, medicina, ingeniero… etc, son los títulos que hacen a alguien bueno en esta sociedad. Y no su voluntad de sanar, dar hogar o de aprender con los demás.

Hemos caído en un burdo salario de actos cíclicos, que han cocido una tela social carente de belleza, condenando nuestra manera de nombrar y sentir, al contrario, más bien se ha levantado una nueva norma bruta, minimalista, opresora. Que atenta contra la misma esencia creativa de nuestra niñez, desde el momento en que nacemos y somos dependientes de nuestros padres. Y ellos de un sistema que los ve como generadores de economía. ¡ La vida y su manera infinita de comprensión ha sido usurpada por hábitos delegados desde el nacer !

Y el estado…

Bueno bueno, no todo está perdido aún existen quienes lean, quienes argumentan y expresan su ser sinceramente, ante las nuevas formas de opresión para las libertades en nuestro tiempo.

Vuelvo a la niñez, y pregunto: ¿está bien que los niños sean sometidos a este proceso social, sin su concetimiento, es normal que aceptemos una estructura de normas que carece de procesos de comprensión más allá de su vocabulario, estaría bien pensar que 24 caracteres pueden expresar en su totalidad la vida misma, o el pensamiento y expresión humana.? Y tú qué piensas de esto ?

Nathanael Marín Jiménez

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