Un credo de beso

Desearía romper la noche con un credo de beso, un baño de sangre fuerte y etéreo como la montaña dando a luz.
Los postes sangrando. Las manos abiertas de castigos por la verdad.
Las llagas son millas lejanas como fronteras del olvido. Y los cuerpos han mostrado que sólo son autos frágiles
y portadores del rencor.
Desearía abrirme en un hoyo para no ver la injusticia de las guerras, correr como cordero hasta su pastor y refugiarme en sus piernas, llorar como cachorro perdido en la tierra.
Ser un campo de venas abiertas a la indiferencia y nacer en destellos del bosque, comer un día con victorias sádicas e inmortales.
Romper las espaldas de la noche y dejar inválida la ceguera del hombre, cultivar besos como nacen estrellas, arrancarme lo mortal y venderlo por la paz, escribir sin lágrimas,
sin tristezas, por esta tierra que se pudre en espera.

Nathanael Marín.

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