Noche en cuarto creciente

 
Ella violo mi gusto
Se acostó con mis pequeños geniecillos
Comió de la mesa sobre mi pecho 
Bebió de mis sonidos y todos los chistes de mis recuerdos.
El tiempo y su constante latido condicionaron nuestra latitud de vida
Ella voló como cuando un ave lo hace del frío 
Perdió sus alas en rencores y olvidos
Creyó que escapaba de su sombra
del poniente desafío que sería su propia cosecha de juicios.
Nos visitamos en sueños
caminamos días  bajo árboles podridos
como una pareja de duendecillos.

 

 

Ella sano mi huerto 
Le nacieron flores a mis días
Tomamos como los mejores seres poseídos por la alegría.
Fuimos rebeldes ante un mundo
de esclavos ciegos egocentristas.
Ella ahora es un semilla
que amanece y rompe el día 
Camina con ternura como dando tanto y soñando simple.
Cebras, cangrejos eran sus amigos en sus cuencos y siempre fue bella.
Entonces,
fuimos parte de la revolución más hermosa que conoce la humanidad.
 
 
Nathanael Marín.
23/12/2015

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